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CEMENTERIO-REFLEJOS-sobrecubierta-copia-1

 

 La historia que me escogió a mí para ser vivida, tal vez no sea la mejor, pero es la mía, y la que me llevó al laberinto al que estaba destinado, sin ni siquiera saberlo. Sin ella, nunca hubiese sido escritor, sin ella, yo no sería quién soy, empezando por algo tan simple como mi nombre, y acabando por algo tan complicado, como las personas que nos rodean y nos ayudan a crecer y a ser quién somos, y, de esta forma, su historia, forma parte de la tuya, en este mundo, en el que estoy convencido, nada pasa porque sí. Pero detrás de las historias que encuentran a su dueño, están las historias que vagan sin encontrarlo nunca, y que acaban viviendo en la absurda y perpleja mente de un escritor solitario, encontrando un lugar perfecto, mientras esperan revolteando, a que el escritor, las encuentre y las escriba en un pedazo de papel. Tal vez, sean estas las auténticas historias, la que sobreviven siempre y por siempre al paso del tiempo, la que son vividas plenamente, no sólo por una persona sino por cientos, y con suerte, por miles. Cada vez que un lector, posa sus ojos en ella y mientras la lee, la hace suya y de nuevo, es vivida en la mente de alguien. Las historias que encuentran a su dueño, una cara y un cuerpo para ser vivida, se olvidan, tarde o temprano, están condenadas a desaparecer con el último aliento de la última persona que te recuerda, pero las que acaban reflejadas en un libro, no se olivan. 

En una ocasión, alguien me dijo que los escritores son egoístas, y, como tal, quiero que mi historia, no se olvide jamás y por ello, la escribo aquí, en estas páginas. Así que, ahora, hacer que no se pierda, te toca a ti. 

 

Sólo ahora me doy cuenta de hasta qué punto llegamos a vivir de los recuerdos. Tal vez sean ellos los que nos impulsan a seguir adelante. Unos recuerdos que seguramente no son tal como los recordamos. Seguramente serán apenas un reflejo de lo que en realidad fueron. Estamos condenados a vivir en un cementerio de reflejos Tal vez sea mejor así, quizá, deba, ser así. Quizás un recuerdo certero sea demasiado duro para que el alma lo soporte y sin darnos cuenta lo transformamos para que sean más agradables. Para que sean, como nos hubiera gustado que fuesen. Pero a veces, tu pasado y tus recuerdos son una daga clavada a tu espalda, que aunque te empeñes en olivar, se convierten en tu maldición. La maldición que te consume las vísceras hasta que ya no queda nada, y entones, alguien te pide que escribas una historia y aprovechas la ocasión para limpiar tu alma y poder vivir en tu propio cementerio de reflejos. Tú historia. Pero para poder evitar vivir de recuerdos falsos, existen los libros. 

 

En una ocasión le dije a un editor que cuando escribes un libro debes conseguir que el lector se enamore del personaje principal, que odie a su enemigo de la misma forma que él lo hace, y que llore cuando muere quién no lo merece. Lo que olvidé decirle entonces, debido a mis escasos años e inocencia, fue que el amor es y será siempre el tema por excelencia en una novela, y si lo unes a la venganza, la muerte, y el pasado, puedes crear una bomba de relojería a punto de explotar. Esto, lo sé ahora. Ahora que ella ya no está conmigo después de tantos años juntos y me pidió con su último aliento, que escribiese nuestra historia y se la mostrase al mundo entero para que nos sobreviva a nosotros, a las décadas e incluso a toda la eternidad. Cuando acabe de escribir las últimas páginas de esta historia y del misterio que descubrí gracias a ella, ya no tendré nada que hacer el La Tierra, y esperaré paciente mi hora para marcharme con ella. Éste libro, no es otra cosa que una historia escrita con egoísmo para que, pasando de lector en lector, y de mano en mano, mi historia y mi propio cementerio de los reflejos, nunca se pierda. 

Qué seria de este mundo sin la imaginación que nos brinda nuestra mente. La mente de los escritores están plagadas de historias y cuentos que revolotean por su mente hasta que adquieren la forma adecuada y son escupidos al mundo. Los escritores vendemos historias. Las mismas que les hemos robado al tiempo, y a sus propios dueños. No somos más que una raza aparte en la especie que llaman humanidad. Una raza que pretende escapar del mundo que se presenta ante ellos, y modelarlo a su gusto y, con suerte, consiguen que alguien les acompañe, sus lectores, que en cierto modo, son tan culpables como el escritor, de robar la historia que tienen entre sus manos, página por página y creer, que es suya y siempre lo será, por el hecho de guardar el libro en una vieja estantería, llenándose de polvo, hasta que años después, llega a otras manos, y la historia robada, regresa y es rescatada del olvido y del polvo.   

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